Cuando un asunto se dirime en un proceso judicial significa que existe controversia como mínimo entre dos partes, cuando esa controversia cuantificable económicamente no está clara y resulta preciso determinarla con exactitud pueden entrar en juego los peritos judiciales. A la vez cuando aún y no existiendo controversia, existen determinados daños a valorar que entran dentro del proceso judicial, puede que se requiera el peritaje de un perito judicial para determinar el valor de esos daños, o el valor de aquello que se requiera valorar.

Así los peritos judiciales tienen la función clave de dar al magistrado unas cifras claras, objetivas y obtenidas con una metodología no parcial que permiten determinar aquello que se deba determinar en el proceso judicial.

Atención que cuando se habla de los peritos judiciales no se está hablando de los forenses médicos judiciales, pues si bien, obviamente la función en esencia de ambos es la misma, pues la función de unos es “peritar” un cuerpo humano para determinar unos daños concretos, el objeto del otro es peritar un bien o valor cualquiera para determinar el valor del mismo o de unos daños que el mismo haya sufrido. Como vemos, dos funciones distintas, y con nombres distintos pero con una base común más que importante.

En resumen, los peritos judiciales determinan con exactitud y pretendida justicia el valor de aquello que se les ordena peritar. Obviamente, hablar de peritos judiciales es hablar de distintos tipos de peritos judiciales, pues no es lo mismo aquel perito inmobiliario, que aquel perito de seguros. O incluso dentro de estos que aquel especializado por ejemplo en siniestros de vivienda que aquel especializado en siniestros de automóvil.

2013-04-17 22 59 21