El fantasma que recorre los medios de comunicación se llama Netflix y cualquier otra plataforma que intente arrebatar audiencias a las televisoras tradicionales.

La cantidad de horas consumidas para ver contenidos audiovisuales muy pronto será la misma entre Internet y la televisión con una tendencia a la baja para esta última.

Los tiempos en los que la gente tenía que acomodar su horario en función de la programación televisiva hoy es un fantasma que se desvanece ante el avance de la tecnología.

Los medios digitales ofrecen ventajas a los consumidores que les permiten seleccionar sus propios horarios y ver los programas a la hora que ellos decidan.

Aunado a eso, la oferta programática es mucho mayor en medios en línea haciendo que los anticuados fantasmas como las telenovelas y programas de revista sean un concepto arcaico.

El terror más grande que genera este fantasma es la publicidad. En el último lustro, la reducción en los niveles de audiencia ha reducido también la cotización de los espacios publicitarios de los medios.

Ante el menor interés de las marcas por anunciarse en la televisión tradicional, los grandes magnates ven sus ganancias irse a menos buscando alternativas.

Muchos medios de comunicación han optado por hacer frente a este fantasma brindando su contenido en línea, algunos cobrando y otros exprimiendo al máximo la publicidad.

La publicidad en línea ofrece muchas ventajas que en la televisión carece no es posible tener, como por ejemplo, el hecho de dirigirse a un público con asombrosa especificidad.

A diferencia de los medios tradicionales donde un mensaje va dirigido a un tipo de público supuesto por mayorías, en Internet es posible que un mismo programa tenga publicidad específica a ciertos sectores de la población.

Esto ha permitido que el fantasma detenga el impacto devastador en los medios tradicionales; algunas cadenas televisivas han reducido sus márgenes de pérdidas ofreciendo sus contenidos en línea y obteniendo ingresos por la publicidad.

El fantasma que azotaba a los medios televisivos tradicionales poco a poco se ha transforma y en vez de ser un enemigo frontal se ha convertido en un cambio necesario para las cadenas con más ventajas que desventajas.