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Compartir habitación en la residencia universitaria, ¿sí o no?

On 24 abril, 2013, in General, by admin

¿Habitación individual o doble? ¿Solo o acompañado? Evidentemente que la decisión final de cada estudiante es lo más importante y lo que cuenta, pero si tienes muchas dudas y no sabes que hacer a la hora de realizar la matricula para alojarte en tu residència per estudiants aquí tienes algunos consejos. El primer año suele ser el más duro para un estudiante universitario, ya que implica una nueva vida, adaptarse a un nuevo entorno, nuevas personas, y nuevas normas.

Ello implica que se aconseja conocer el mayor número de personas posible, interaccionar satisfactoriamente con el resto de compañeros y estudiantes del recinto, por ello la experiencia ha demostrado que al menos el primer año se aconseja compartir habitación con otra persona. Esto facilita al estudiante conocer gente y no sentirse solo, pudiendo estar acompañado de alguien todo el año que este fuera de su hogar. En el caso de que no conozcas a nadie, y no sepas con quien compartir habitación, en la propia residencia universitaria te asignarán un compañero con quien tengas las mismas inquietudes, que realice los mismos estudios, los mismos gustos y preferencias, o los mismos cursos.

Claro está que se trata de una decisión completamente personal, y somos nosotros quienes debemos sentirnos a gusto con nuestra elección, y tener bien claro si preferimos tener mayor intimidad y tranquilidad en una habitación individual o bien si preferimos estar acompañados y nos aislarnos en nuestro dormitorio al no conocer a nadie en los primeros días de clase.

Las dos opciones cuentan con amplias ventajas para el estudiante, de modo que haz tu lista de prioridades indicando que tiene más beneficios y ventajas para ti, tener un propia habitación o compartirla con otro compañero. Tú eres quien debe decidir lo que más te conviene e interesa cada uno de los años de estudios que vayas a realizar alojado en tu residencia universitaria.

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Ante la controversia en los procesos judiciales, el peritaje

On 19 abril, 2013, in Negocios, by admin

Cuando un asunto se dirime en un proceso judicial significa que existe controversia como mínimo entre dos partes, cuando esa controversia cuantificable económicamente no está clara y resulta preciso determinarla con exactitud pueden entrar en juego los peritos judiciales. A la vez cuando aún y no existiendo controversia, existen determinados daños a valorar que entran dentro del proceso judicial, puede que se requiera el peritaje de un perito judicial para determinar el valor de esos daños, o el valor de aquello que se requiera valorar.

Así los peritos judiciales tienen la función clave de dar al magistrado unas cifras claras, objetivas y obtenidas con una metodología no parcial que permiten determinar aquello que se deba determinar en el proceso judicial.

Atención que cuando se habla de los peritos judiciales no se está hablando de los forenses médicos judiciales, pues si bien, obviamente la función en esencia de ambos es la misma, pues la función de unos es “peritar” un cuerpo humano para determinar unos daños concretos, el objeto del otro es peritar un bien o valor cualquiera para determinar el valor del mismo o de unos daños que el mismo haya sufrido. Como vemos, dos funciones distintas, y con nombres distintos pero con una base común más que importante.

En resumen, los peritos judiciales determinan con exactitud y pretendida justicia el valor de aquello que se les ordena peritar. Obviamente, hablar de peritos judiciales es hablar de distintos tipos de peritos judiciales, pues no es lo mismo aquel perito inmobiliario, que aquel perito de seguros. O incluso dentro de estos que aquel especializado por ejemplo en siniestros de vivienda que aquel especializado en siniestros de automóvil.

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Sobre la fecha de efecto

On 12 abril, 2013, in Negocios, by admin

Cuando contraemos (entendamos por contraer aquel momento en el mediante un contrato, sea este con la forma que sea y tenga el mismo el fondo que tenga, plasmamos nuestra voluntad de obligarnos a algo o a alguien para una acción, causa o motivo en particular y normalmente, pero no siempre, a cambio de algún bien, objeto o prebenda material o inmaterial) nos comprometemos a los derechos y obligaciones que emanen de esa acción de contraer debemos conocer cuándo empiezan a “computar”, es decir, cuándo entra en vigor y en validez un contrato.

Muchos dirán que un contrato entra en vigor en el momento en el que se celebra, es decir, en el momento en el que las dos (o más partes) se sientan en una mesa con el contrato ya redactado y estampan sus respectivas rúbricas en el mismo, y bien cierto que ello es así, pero no siempre.

Es bien cierto que en la mayoría de casos, cuando todas las partes terminen de plasmar sus firmas en el documento el mismo entrará en vigor (o bien, si se firma digitalmente, en el momento de la realización de la firma digital), pero en algunos casos no es así (típico caso de seguros y de muchos otros tipos de contratos), ese es el caso de los contratos que incorporan una fecha de efecto.

Los contratos que en su seno establecen una fecha de efecto del mismo, la misma es la que resulta efectiva para determinar la entrada en vigor, la “puesta en marcha” del susodicho contrato. En muchas ocasiones, la entrada en vigor del contrato, la fecha de efecto, será la misma que la fecha de la firma, y bien correcto que será, pero en otras por ejemplo firmaremos hoy, pero determinaremos que ese contrato, que esa póliza o que esa relación empezará por ejemplo el día uno del mes que viene, o el diez, o el quince o cuando sea y bien válido que será también.

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eso si que fue un deshaucio rápido.